sábado, 30 de noviembre de 2013

Miedos

¿Qué otro sentimiento puede ser más humano que el miedo? Inefable, intenso, maestro del disfraz. Aún la certeza de la finitud no nos libra del miedo a vivir.

Hay miedos implacables que paralizan, que enferman. Hay miedos  tontos que se camuflan en cotidianeidades para facilitar el paso o el escape de la realidad, dura y amenazante. Nos detienen de a poco y dejan un sinsabor extraño que reside en lo más profundo de nuestro ser y cada tanto nos toca la puerta de la conciencia para recordarnos nuestras limitaciones autoimpuestas. Hay miedos existenciales, comunes, comunitarios: Seguir a la manada, no ser consecuente con las ideas, pregonar lo que no hacemos, no devolver nada a los otros, caer livianamente en el eterno teatro del capital y la vida cómoda, buscar estabilidad en la autenticidad, dioses entre los mortales, pureza en lo terrenal. La hipocresía como hábito es el gran miedo de quien quiere abrir su mente. Pensar y hacer, decir y actuar son los grandes desafíos del temor social.  Son duros pero uno debería sentirse dichoso de tenerlos.

Ese miedo implacable que crece y madura dentro nuestro, y que luego rociamos al pasar,al fin y al cabo  es el gran enemigo del amor. 

sábado, 19 de octubre de 2013

El fluir de las ramas

Somos una corriente de tiempo, si es que acaso existe tal cosa. Somos un curso de energía que fluye constante, sin detenerse nunca en ningún lado.  Yo fui, soy y seré en constante cambio.

No es sencillo concebirnos como una transición implacable. ¿Algo queda?, ¿Todo se va?
Estamos constituidos por una marea de historias, causas y azares, si es que lo azaroso puede considerarse como tal. Cada situación, cada segundo, marca y determina el fluir de nuestra vida.

Qué es la vida sino más que ese concatenamiento de instantes que llegan y se van pero no sin antes escribir. Escribirán un punto, una línea o varias, una letra, una palabra, una oración o una historia entera. Esas historias se reflejan en cada hacer y en cada deshacer de nuestro pasar.

Cada día como una célula, cada mes, cada año como la rama de un árbol, dibuja un trazo firme en nuestra historia. Las ramas toman decisiones y se bifurcan para dibujar más caminos parecidos o diferentes, nunca iguales.



Y al final, si es que tal cosa existe, esa copa escrita con ramas, cubierta de hojas verdes, marrones, flores que resguardan nidos con aves e insectos que se reproducen multiplicando la vida y compartiendo el tiempo que se fuga en cada molécula que se transforma; es una historia más, es un relato más plasmado en la naturaleza, tan quieto como fulgurante de energía que ilustra la ilusión humana del paso del tiempo y sus marcas inexorables. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Despertares

Si tenés suerte, un día te despertás y decis: “Uy, estoy viviendo”…

Notas que estás viviendo una vida, que se supone que es tuya pero…  ¿Quién sos vos?
Y ahí viene la introspección y el encuentro con uno mismo, tan grato, tan estimulante. Degustamos todo con otros sentidos y encontramos placeres y angustias, amores y odios. Encontramos un refugio en nuestro ser cuando la vorágine del día se detiene y las luces de la noche dejan de encandilarnos. Podemos empezar a respondernos algunas cosas y preguntarnos miles de otras. El trabajo interno es intenso y nunca cesa. Es importante que así sea para poder salir.

Si nuevamente tenés suerte, levantas la cabeza, mirás a tu alrededor y te sentís lleno, lleno de algo inexplicable que te genera sosiego y alegría pero no te alcanza, querés dar un paso más para que la felicidad sea plena y ahí encontrás el quid de la cuestión. El fin de la introspección y del autoconocimiento está en saber que queremos y necesitamos encontrarnos, conocernos, compartir con esos tantos otros que transitan sus vidas igual que nosotros. La riqueza está en vivir acompañándonos, dando y recibiendo eso que creamos con cariño desde adentro, cada vez que se pueda.


Vivir el adentro y compartir hacia afuera; nunca uno sin el otro. 

miércoles, 28 de agosto de 2013

Mercedes

Siempre la vi sola. Pequeña y flaquita, sola. Jugaba y corría entre los huecos de la sala buscando ojos que la vieran. Casi como un cliché del abandono, pasea su carita sucia por las calles, provocando miradas ciegas.

En mi pequeño mundo, habita ese par de horas que transcurren una mañana mientras atiendo. En su mundo de inalcanzables princesas, la soledad colma las horas de todos los días pero eso no detiene la alegría y la ilusión divina de su niñez.

Me pregunto ¿en que otros mundos habitará, con quiénes se cruzará, qué suerte correrá?

Mirar desde lejos, duele; observar y acercarse es un flechazo al corazón.

Las marcas de la pobreza, los signos de la desidia, los síntomas de la ausencia, todos los estigmas como adornos sobre ese ser inocente librado a un crudo azar.

Sus abrazos y sus palabras de afecto son rayos de luz que calientan las mañanas heladas de invierno en la sala. Nosotros sólo podemos devolver pobremente todo lo que se nos da y hay tantos huecos que el calor se escabulle resaltando las faltas.


¿Qué hacer con tanto y tan poco?

sábado, 22 de junio de 2013

Pensamientos de la toma

Tan pronto como bajé del colectivo el cambio fue abrupto. La estación, la plaza aledaña reverdecía mi vista cansada. Camine cuesta arriba unas cuadras y el calor finalmente llegó. Hacía horas que la temperatura superaba los 30°C pero no hubo tiempo para preocuparse por eso antes. Las casas se hacen familiares y cada detalle de ellas parece brillar más que antes.
Altos muros, puertas indemnes, jardines frondosos, flores multicolores, mascotas con collares bien alimentadas, calles asfaltadas casi limpias, niños vestidos…
El contraste era tan evidente, ¿Cómo no lo había notado antes? ¿O si lo había hecho?
Ciertamente, la memoria es selectiva y la conciencia tan sabia como engañosa. Ese contraste tan sorpresivo y familiar a la vez, lo había visto tantas millones de veces como había abierto los ojos desde que nací. La fastuosa capacidad de adaptación del ser humano hace que todo, a la larga, se acepte así, como se lo ve.
Estos escenarios tan disimiles  de alguna manera, coexisten y se ignoran entre sí. Tan grande es el deseo de ignorarse que empiezan a erigirse las barreras. ¿Cuál es más significativa? ¿La barrera física: el muro de ladrillos, la reja, la puerta blindada o la barrera intangible de la mente que nos mantiene cautivos en la comodidad de nuestra normalidad?



¿Qué se puede decir de un terreno enorme, en el sur del conurbano, lleno de casillas, caminos improvisados, animales sucios y zanjas llenas de basura? ¡Ah, sí! En ese lugar viven miles de familias, más miles de personas.
Ese lugar olvidado, desdeñado, apartado de todo, es la casa, el hogar de mucha gente.
Nosotros, como grupo, llegamos, hacemos y nos vamos. Volvemos a nuestro lugar lejos de aquel caos. Comemos, nos abrigamos y nos dormimos. Parece tan simple y básico, pero desde otra perspectiva, es crucial cuando no se accede a tanta simpleza.

Me fui pensando, volví pensando y no dejé de pensar desde entonces. ¿Podría yo vivir en esas condiciones? ¿Qué hubiera pasado si hubiera nacido allí? ¿Qué mantiene a esas personas, tantas, en tal estado? ¿Qué nos mantiene  a nosotros tan pasivos frente a eso? Las respuestas son pocas y torpes. Esos pensamientos rumiantes que nos dicen que tenemos que hacer algo terminando siendo intrusivos y molestando; tanto molestan y duelen que los callamos y esperamos el próximo brote de conciencia para volver a acallarlo.

Es tan poderosa la forma en que se sostiene el equilibrio de la injusticia que deja de ser una variante para convertirse en la forma en que la vida es y así la aceptamos desde que nacemos hasta que morimos.
No cabe más que asombro hacia la forma en que nos convencemos de la necesidad del status quo y de la imposibilidad del cambio. ¿Quién nos convenció de que debemos vivir descontentos? ¿No habían abolido la esclavitud? Nadie se percató de la esclavitud mental que reina para convencer a la masa crítica de pisar al que está abajo para intentar darle la mano al que la mira desde arriba. El que osa mirar desde arriba, jamás  tenderá la mano a quien pretende alcanzarlo. Eso ya deberíamos haberlo aprendido.

El capitalismo salvaje encuentra débiles presas producidas por el mismo sistema. En forma cíclica nos envuelve con ideas de libre mercado que dibujan una libertad estrictamente delimitada por el poder opresor. Una mera ilusión de libertad.
El mercado produce obscena cantidad de artilugios de distracción. Cosas, cosas y más cosas. Adornos mínimos para una vida hueca. Otra vez, espejitos de colores.
“Ser es tener”; es la clasificación más estúpida pero domina por su fácil aplicación: Quien tiene puede ser, quien no tiene no es ni será nunca. Y si pretende ser, ¡pobre!,  el sistema se encargará de impedirlo. El equilibrio de la injusticia debe permanecer intacto.
En estos términos ser revolucionario es muy simple. Basta tan sólo con romper la rutina y aprender a mirar de nuevo. Basta con saberse tan humano como el otro, tan explotado y a la vez tan luchador como quien se sienta a mi lado en un colectivo. Basta con deshacernos de nuestros mecanismos de defensa, tan primarios ellos,  que nos llevan a identificarnos con nuestro agresor y a reproducir, en otros más débiles, sus vilezas. Basta con pensar y volver a razonar como cuando niños. Basta con preguntarse en voz alta “¿Por qué esto es así?”.


¿No es simple? Si no podemos hacerlo nosotros que nos ufanamos de tener educación, de ser respetuosos, de tener valores… ¿Qué valores tenemos si enjuiciamos sin pensar, si condenamos sin saber nada, si despreciamos con sólo observar desde lejos, si insultamos gratuitamente y con el pecho inflado? Si eso hacemos nosotros, la masa crítica, inteligente, educada, harta de información… ¿Qué podemos pretender de quiénes no tuvieron la suerte de heredar tales gracias?
Desdichados de nosotros que no podemos mirar a los lados y establecer lazos sin aferrarnos a las cosas, por si las dudas. Penosa nuestra vida mirando hacia arriba, esperando migajas para presumirle al de abajo mientras lo pisoteamos. Un desperdicio pasar los días acumulando posesiones creyendo que nos harán felices, respetables o que llenarán nuestros vacíos. Triste es pensar en morir sirviendo al consumo, haciendo nada por los otros, repitiendo los discursos chatos del poder creyendo que así soy un ciudadano “de bien”, sin pena ni gloria cumpliendo con todos los mandatos sociales, todos los cánones preestablecidos por vaya uno a saber quién, como si nos fueran a dar un reconocimiento, una medalla y como si eso sirviera de algo.

Romper con las imposiciones inútiles y adueñarnos de nuestra propia vida es nuestra mayor deuda. ¿Hasta cuándo?

martes, 19 de junio de 2012

Motivaciones

Más o menos en todos lados se oía lo mismo, en todos lados las mismas preguntas...

 ¿Faltan médicos? ¿Sobran médicos? ¿Explotan a los residentes? ¿El jefe de piso viene 2hs y se va? ¿Gana más el que va en la ambulancia y hace una guardia por semana? ... Lo de siempre. Mucha gente preocupada por el mango...

Mucho médico, mucho profesor, mucho ayudante seguían perpetuando la misma frase a lo largo de los años: "Si pensaban ganar plata con esto, ni se gasten porque acá no la van a conseguir". Okey. Me hizo pensar que esa era la motivación de muchos, para muchas cosas. ¿Qué más podía pretender?

Después de 6 años pululando por la facultad y diferentes hospitales, finalmente alguien dijo lo que tenía que decir... 

"Si uds. pretenden ejercer la medicina para llenarse de plata, mejor cambien de carrera ahora. El médico de verdad tiene como vocación ayudar a sus pacientes. Se compromete con la gente y con su trabajo." 

¡Bravo! Menos mal que alguien lo dijo...

martes, 29 de noviembre de 2011

Ansío viajar...


Ansío viajar. Hace poco descubrí lo maravilloso de enfrentarse al camino, aunque no podría realmente poner en palabras qué fue lo que me generó tal emoción.

Quizás sea lo desconocido. Pero no ese desconocido común, extraño que genera temor. Sino un desconocido atractivo, latente… un desconocido ávido de ser descubierto.

Hay viajes y viajes. Uno decide a dónde ir según lo que tenga ganas de encontrar. A veces se quiere ver todo y muchas más se pretende ver nada.

Muchas veces salimos de una rutina para entrar en otra. Ir a la costa todas las segundas quincenas de todos los eneros de la vida puede volverse rutinario.
Otras veces huimos despiadadamente de nuestra vida y nos lanzamos hacia algo completamente inesperado y diferente.

Ese viaje es el que estoy buscando. Ese viaje que te posiciona en un lugar alterno, que te obliga a cambiar el paradigma de tus días, a usar la cabeza y los sentidos para poder llegar a tu meta y volver habiendo realmente CONOCIDO.

Tanto paisaje hermoso nos rodea y no lo vemos. Tanta gente interesante y diferente nos pasa por al lado y no conocemos. Tanto podemos aprender de eso y no lo aprovechamos. Cuánta realidad ajena a la nuestra está ahí afuera y no podemos comprenderla porque simplemente la ignoramos.

A veces el camino a enfrentar no está lejos. Ese camino aparece día a día bajo nuestros pies. Todos los días partimos hacia el camino… Con el avión a Perú, con el tren a Tucumán, con el bondi a la estación de Once, siempre emprendemos un viaje digno de ser recorrido. 

Trascender


A los seres humanos nos gusta trascender. Queremos ser recordados, queridos, respetados, reconocidos.

Se puede trascender en muchos niveles. A veces solo nos interesa trascender en la vida de otros. Y eso no es fácil, o si?

Qué nos destaca? Qué nos hace irremplazables? Qué nos aferra uno a otro? Qué nos lleva hacia un camino u otro, hacia una persona u otra?

Tantas dudas para una vida demasiado corta… 

domingo, 13 de noviembre de 2011

"Donde unos hallan un edén otros siembran dolor" - (Segunda parte: Puño y letra desde Formosa) -

Un bache en la actividad rutinaria me dio este espacio para encontrar y transcribir estas líneas que redacté hace ya más de 4 meses en ese lugar tan extraordinario como es Formosa... 


Miércoles 27 de junio o el día que sea - Loma Sené - 

Sentada bajo el sol en algún lugar perdido de Formosa, es difícil focalizar los pensamientos son seriedad. Sin nada preciso para hacer, sólo queda concentrarse en el presente, en el momento que se está viviendo y va pasando. Ese momento que en breves instantes no está más. Grandes cielos estrellados, extensas áreas de naturaleza en su más cruda desnudez, sólo invitan al regocijo.


Cada viaje tiene sus particularidades que luego uno recuerda con una sonrisa, ya sean buenas o no tanto. Hoy, Formosa se ve particularmente enmarcada por compañías inusuales y decisiones apresuradas. Sin pensar demasiado, muchas veces hacemos más cosas que de costumbre. Hacer más y pensar menos debería ser una lección importante luego para la vida.


La mayoría pensaría que viajar cientos de kilómetros rodeado de desconocidos es algo atolondrado y hasta poco recomendable, sin embargo ahora tiene un encanto casi irresistible. Resultó ser un desafío interno. No es sencillo luchar contra la soledad, contra la necesidad de compartir momentos con los que queremos. Aún así, pasarla bien es una garantía que sólo uno puede asegurarse. 


Tantas cosas resultan como uno no las esperaba... o sí las esperaba? A veces es extraño ver como las cosas resultan asombrosamente bien.


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La lucha constante puede que haga a la gente pesimista. Grandes frustraciones suelen generalizar el desanimo y la lucha pierde la fuerza que la caracteriza. 
Las grandes luchas no siempre son de grandes magnitudes. No hay que ser un gran jefe estratega para poder afirmar que se ha dado todo en cada batalla que se ha presentado.
Todos nosotros desarrollamos batallas diarias. Cada uno las vive de manera distinta. Cada uno batalla algo diferente y tiene herramientas diferentes. También hay muchos que no tienen herramientas, lo que hace su lucha de una intensidad creciente, lacerante, muy debilitante... Las ideas de cambio tienen ese doble efecto inspirador y doloroso a la vez. 


Los que llegan son los que continúan estoicamente con su paso. Puede que sus ideas tambaleen pero eso no les impedirá obtener lo que buscan o simplemente avanzar en su camino. 
Quiero creer que lo que caracteriza a los grandes héroes es la capacidad de mantener la sonrisa durante todo ese proceso. Realmente, es lo mas difícil de todo. 



Gracias Ivana por las hojas ;) 
Gracias Ambrosia y familia por la inspiración. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Equilibrar cuerpos, observar almas...

Muchas veces se olvida el trabajo humanístico que el médico debe realizar además de su incesante uso del conocimiento que le fue conferido con el correr de los años de estudio.


El trato con el paciente es la pieza clave para llevar a cabo un tratamiento exitoso. Esta relación que se genera, como toda interacción social, repercute positiva o negativamente en ambos.


En mis primeros pasos por el hospital pude tener contacto con algunas personas internadas en las enfermerías de clínica médica. Generalmente se trata de gente mayor con enfermedades crónicas o muchas veces pacientes psiquiátricos que no son aceptados en otras instituciones.


Los visitamos, los interrogamos, los revisamos. Algunos son colaboradores y simpáticos, otros hacen lo que pueden. La estética del hospital no ayuda. Los pasillos son estériles y las habitaciones solitarias. Sólo cobran vida con las pequeñas cosas que los pacientes traen para su estadía: bolsos, revistas, relojes, dibujos de los nietos y flores de sus hijos. Eso sucede en los mejores casos...


Muchas veces, menos afortunadas, nos encontramos con personas solas. Algunos no lo perciben o al menos eso parece, ya que sus pensamientos están perdidos en un mundo al cual no podemos acceder. Pero tantos otros lo sufren a cada momento. La soledad los golpea sin piedad en tiempo de enfermedad.


La ausencia de la familia es una de las escenas más duras que uno puede presenciar. Cuesta entender cómo se puede dejar a una persona tan indefensa a la deriva sin el más mínimo resguardo. Hijos, nietos, hermanos, padres... todos ausentes.


Esas situaciones crueles son difíciles de manejar, casi imposibles de borrar de la mente. Más aún cuando la persona totalmente lúcida caen en la cuenta de que está sola. 


El profesional no tiene la obligación de lidiar con estos asuntos pero es claramente imposible de ignorar. Uno se lleva parte de esa sensación de tristeza consigo y muchas veces también se lleva la impotencia de no poder hacer algo relevante para su paciente. Tanta injusticia junta no se olvida fácilmente...


Siento que sólo queda rescatar algunas premisas para evitar reproducir estas situaciones... 


No dejemos solos a nuestros mayores. Acompañándolos es la mejor forma de ayudarlos a sentirse mejor, no piden mucho más.
Además los médicos deben procurar no perder nunca su humanidad ni olvidar la empatía para tratar con los pacientes.

lunes, 29 de agosto de 2011

El poder de los obstáculos


 Un día me di cuenta de que había “límites” dibujados al azar, establecidos por alguien que desconozco hace quién sabe cuanto tiempo atrás y que esos “límites” contribuían negativamente a mi vida… Ese día mi mente se activó y encontró una clave esencial para estar mejor. Encontré la fuerza para aceptar la responsabilidad de trazar mis propios “límites”…
  





A veces cuesta mucho cruzar algunas fronteras con el pensamiento. Nos condiciona lo que vemos y aprendemos desde niños y también lo que nos rodea en la vida adulta.

Los obstáculos son lo único que nos invita a pensar y querer modificar el mundo a nuestro alrededor.
Todo lo que nos complique la vida o nos resulte difícil, nos va a llevar a pensar más allá de lo básico. Nos presentará un reto.

Queda en nosotros vivir en la frustración de lo que creemos no poder alcanzar o ser creativos, encontrar aliados y hacer de ese obstáculo un motor para una nueva idea que nos ayude a vivir más felices y satisfechos.

Claramente no será fácil desafiar lo establecido, ni encontrar quien nos acompañe y mucho menos sobrevivir a la tentación de volver a seguir la corriente que tan cómodamente nos arrastra. Pero la dicha que supone la búsqueda de esos momentos de plena felicidad es razón suficiente para resistir y para reforzar nuestras ganas de idear, de crear, de superarnos en un mundo que está abierto esperando lo que tenemos para ofrecer.

jueves, 18 de agosto de 2011

“Donde unos hallan un edén otros siembran dolor…” (Primera parte...)


“La gente te cuenta adónde fue. Te dice adónde ir pero hasta que vayas ahí nunca podrás saber…”


De un momento a otro simplemente lo resolví. Sin estar 100% segura, sin conocer a nadie y sin pensarlo demasiado, ya lo tenía decidido. Me iba a Formosa.
Sabía que no eran vacaciones, sabía que iba a chocarme con una realidad diferente. Aún así el impacto fue intenso y las sensaciones que me inundaron día a día difícilmente se desvanezcan con el tiempo.

Entre varias cosas importantes me olvidé de llevar hojas así que luego de que se solidarizaran con mis ganas de escribir, busqué un lindo lugar bajo el sol para sentarme a pensar e intentar describir todo lo que pasaba por mi mente en ese momento tan particular, en un lugar tan particular como es Loma Sené y con gente tan particular como son los campesinos del MoCaFor.

El patio de Ambrosia era amplio. Lleno de árboles frutales y animales corriendo libres… Gallinas, patos, cerdos, imponentes gallos marcando su territorio. Sólo los animales hacían notar nuestra intromisión en el lugar mostrándose curiosos ante las carpas que instalamos.

Ambrosia nos recibía todas las mañanas con mate de anís y nos ofrecía almorzar como reyes. Creo que a todos nos costaba entender la facilidad que tuvo para abrirnos las puertas de su hogar y dejarnos conocer a su familia sin una pizca de recelo.

La maquinaria que preparaba los campos de soja frente a la casa irrumpía el silencio que caracterizaba al monte y por las tardes podía oírse una guitarra amiga acompañando los colores del “verano” formoseño en pleno julio.


Muchas veces el tiempo parecía nos transcurrir. Uno podía quedarse observando la naturaleza a salvo del tiempo. Podía sentir como lo único importante era vivir ese presente. Lo pacífico del monte hacia difícil pensar en algo más que el ahí y ahora.

Mauricio y Enzo, los hijos de Ambrosia eran arduos trabajadores. Ayudaban en las tareas de la casa y siempre que era necesario atendían con mucho cariño a Larisa, la más pequeña. Me generaba gran empatía y mucha ternura esa escena que se repetía varias veces al día.
Una llamada de papá Mingo, quien trabajaba en Formosa capital, puso a todos muy contentos. Aún estando a unos cuantos kilómetros nos transmitió su entusiasmos por estar compartiendo esos días con su familia. Él esperaba su paga para poder volver unos días a casa… No fue posible esa semana.


Próximo a la casa se podía observar un campo de algodón genéticamente modificado para resistir la acción del glifosato. Este controvertido herbicida es el actor principal de una cruenta red de negociados que, como siempre, afecta a los que menos tienen. Los daños a animales y personas que se generan a partir de este, están a la vista. A nadie parece importarle demasiado.
Esta era una de las pocas escenas que nos traía de nuevo a la realidad. Era como volver a estar en Buenos Aires leyendo el diario… sólo que un poco más real y más doloroso… 

lunes, 4 de julio de 2011

¿Podemos cambiar la vara con la que medimos nuestra vida?

Nacer y vivir en sociedad implica aprender y adoptar ciertas convenciones que a la larga vamos adoptando como propias. Tan propias las hacemos que muchas veces es imposible desarraigarse de ellas. Actuamos y generamos necesidades en base a ellas.
Estas normas sociales aparentan darnos un parámetro del éxito que estamos teniendo en nuestros emprendimientos y eso debería ser suficiente para que uno se sienta satisfecho.
Sin embargo, como en todo aspecto vital, la teoría difiere enormemente de la realidad.

¿Qué sucede cuando lo que queremos hacer o lo que nos sucede inevitablemente en la vida no se acomoda dentro de los rangos de éxito que manejamos? ¿Qué pasa cuando algo que nos hace bien a nosotros no es aprobado por la mirada ajena por no ser convencional? ¿Somos capaces de establecer nuestros propios parámetros y llevarlos a la práctica?

Parece casi imposible desterrar esas ideas que nos inculcan desde que nacemos. Intentamos y muchas veces terminamos sucumbiendo una vez más ante el estatus ya ganado y tantas veces indiscutido de estas premisas sociales.

Intentar dilucidar cuáles de ellas son realmente necesarias e importantes para nosotros como individuos es un ejercicio mental interesante y eficaz para poder conocerse mejor uno mismo y evitarse alguna que otra frustración anhelando cosas que realmente no necesitamos.

La felicidad individual, tan subjetiva como es, difícilmente pueda ser abordada partiendo de las arbitrarias reglas colectivas.

martes, 24 de mayo de 2011

Déjà vu


Puso una mano sobre su pecho, como intentando frenar lo que venía. Esa vieja sensación tan cruda y familiar a la vez.
Inspiró profundo, ahogó un suspiro pero ya era tarde. Pesadas lágrimas brotaron sin censura e inundaron su rostro aún impávido, inexpresivo.
No entendía el torbellino de cosas que la apabullaban. No entendía cómo esto había vuelto a suceder frente a sus ojos sin que lo notara.
Pensó en que lo diría la gente o mejor dicho en lo que pensaría la gente… “Pobre, no puedo creer que le haya sucedido de nuevo…”
Si ellos no lo podían creer ¿qué quedaba para ella?

Repasó los hechos en su mente, temiendo llegar a la conclusión de siempre. Claramente, esta fue una situación más en la que creyó que con los mismos elementos alineados de la misma manera podía llegar a obtener resultados diferentes. Detestaba recordar esos instantes en los que la lógica no la acompañaba.

Sonó la campana de la iglesia aledaña y fue como un llamado de la rutina queriendo seguir su curso…
Intentó despertar de su letargo pensando en todas las cosas importantes que tenía por hacer y las prioridades lentamente se ordenaron en su mente.

El desasosiego era el mismo: clásico, difuso, indescriptible…  pero ahora estaba acompañado por un optimismo creciente que, tan familiarmente, le daba la energía justa para seguir en pie y continuar buscando el anhelado cambio… una vez más…

lunes, 9 de mayo de 2011

Animarse a estar mejor

Gracias a toda la variedad de situaciones que nos presenta la vida, nos vamos adaptando a cierto nivel de dificultad en el camino. Aprendemos lentamente a superar los obstáculos y si tenemos suerte, lograremos alcanzar un equilibrio para poder sentirnos bien. 
Pero muchas veces, es tal la costumbre y la comodidad que hemos generado que nos olvidamos de seguir buscando más allá... No es malo llegar al descanso y parar a recuperar el aliento, mientras que podamos volver a arrancar. 


El desafío está no solo en estar bien sino en animarse a estar aún mejor. 


No es sencillo salir del placer de la rutina, plana y conocida para dar el primer paso hacia lo desconocido, hacia eso que nos hace vulnerables al fracaso. Muchas veces no nos damos cuenta el grado de comodidad que generamos aun sintiéndonos mal ¡Cuántas veces nos hemos sentado a llorar y patalear sobre la miseria que uno mismo perpetúa!...  

Quien tenga la fortaleza y el empuje para salir de su molde, por más poco práctico que resulte, tendrá como recompensa muchos nuevos horizontes para conquistar.

jueves, 27 de enero de 2011

Tolerar o no tolerar, he aquí el dilema

Como seres humanos viviendo en sociedad, es importante trabajar en la tolerancia. 

Si me peléo con alguien al primer intercambio de opiniones negativo, vamos mal.
Si acépto pasivamente todo lo que me imponen sin la más minima queja, vamos aún peor. 


Si sospecho y desconfío maliciosamente de todo lo que me dicen, estoy un poco mal.
Si dejo pasar TODOS los versos inverosímiles que me dicen, definitivamente hay algo que no funciona. 


En general, uno elije dejar pasar algunas cosas, atenuar su comportamiento para no iniciar conflictos  por nimiedades y en general, el límite entre ceder en pos de una buena convivencia y dejarse pisotear es difuso.


Después de dar muchas vueltas me dí cuenta que el límite es muy personal. Cada uno debe evaluar qué cosas puede sobrellevar y qué no. Pero esta bueno tener la opinión externa como réferi para dilucidar algunos asuntos engorrosos y no ser un objeto sometido a la voluntad de otros.

jueves, 20 de enero de 2011

"Untitled" (Sin título)


Mamá y papá siempre nos aconsejaron que consigamos un título. Que aunque esté guardadito en un cajón juntando polvo, algún día nos va a servir para algo. Y tienen razón.

No sólo un título universitario o terciario, sino cualquier especie de contrato oral o documento que certifique ante la vida misma que somos dueños de un conocimiento, que somos parte de una sociedad, que estamos relacionados con otro de tal o cual forma.

Hace poquito terminé una relación "untitled" con un señor al que conocía hacia unos 6 años. Linda relación, muy bonita llena de recuerdos interesantes. Con más desencuentros que encuentros pero él, de una forma u otra ,siempre estaba presente. Yo la recuerdo con cariño porque tenia un debido peso en mi vida.

Con horas de muerta mi relación, uno de los amigotes de este señor, solicita muy formalmente la vacante que había quedado para ser mi compañero sexual. Yo, pasmada por esta (a mi entender) tremenda falta de códigos, un día le cuestioné abiertamente si no le parecía un poco fuera de lugar esta propuesta. La respuesta simple, sencillita y de alpargatas fue: "Ah! Qué, vos eras la novia? Porque si eras yo nunca me enteré".

Patada en los ovarios. Baldazo de agua fría. Desprestigió mi bonita relación "untitled" y me dolió. Ahora resulta que mi relación con su amigo no merece el debido respeto sólo porque no era su novia. Bueno. Me desayuné con eso... No lo sabía con tanta precisión.
Por no tener el título firmado, no tenia derecho a nada. 6 años de vida compartida sin peso, sin nada que los haga valer. Todos los bonitos recuerdos, meados por un elefante. Mi presencia en su vida había sido como un trabajo en negro y ahora con el corazón roto caia en la cuenta que no tenia obra social (jajajaj si, me fui de tema!)


Así que muchacho, muchacha... con todo respeto les aconsejo que escuchen a mamá y papá cuando les dicen que hay que tener un titulito guardado. Para todo aspecto de la vida. Carrera, sociedades, matrimonios, amistades, roces, etc...

La palabra ya no vale nada, los hechos ya no valen nada... Ahora hasta el respeto necesita ser documentado para validarse. Cuidense las espaldas! Pidan recibos, vales, todo firmadito para poder tener al menos el derecho a reclamar lo que es suyo sin angustia.


Ahí se ven!

martes, 11 de enero de 2011

Palabras que son violencia...


Una mujer tiene valor. Su cuerpo tiene valor y su personalidad tiene valor. Sus creencias y sus ideales tienen mucho valor. Simplemente por eso, deben ser respetadas.

Hay mujeres que sueñan con ser madres y esposas, otras sueñan con ser contadoras o abogadas, muchas sueñan con ambas cosas. Todos sus deseos deben ser valorados.

Sin embargo, sigue rondando en el aire el maltrato y la violencia hacia las mujeres. No por quitarle importancia a la violencia física que me parece increiblemente desagradable, voy a enfocarme más en una forma de violencia que pasa desapercibida, que es la violencia verbal, el maltrato psicológico.

Mujeres, libérense! Dejen de lado a esas parejas opresoras que solamente saben rebajarlas al nivel de cosas de uso diario. Basta de hombres que no respetan sus decisiones. Aléjense de los manipuladores que las insultan para después tapar la herida con regalos o halagos. Sumo cuidado con aquellos que son excesivamente amables en público y se sacan la careta en la intimidad. Basta de soportar humillación tras humillación pensando que prometió cambiar. Se pueden aceptar pedidos y favores, jamás ordenes.

Las palabras hirientes, las palabras dichas con desdén, con bronca con desprecio... también son violencia.

DESPIERTEN!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un mimo a los ARTISTAS


Yo suelo recibir mucho crédito extra por la carrerar que elegí. Todos esbozan su cara de orgullosa aceptación con mezcla de asombro cuando cuento que me voy a dedicar a la medicina.
Todos refuerzan la idea de la dificultad y yo intento alivinar el peso diciendo que "... hay cosas mucho más difíciles." Podía llegar a nombrar una o dos carreras que, a mi criterio, requieren bastante más lucidez mental que la mía y ahi quedaba. Poco convicente.

Con el tiempo y gracias a las ganas de aprender cosas nuevas, me di cuenta de que hay muchísimas cosas que parecen sencillas y hasta fáciles pero que en realidad requieren de un gran compromiso, una entrega total y mayormente, de vivir la vida haciendo de eso que queremos hacer, nuestro eje.

Hay tanto laburo menospreciado por ahí... Hoy quisiera destacar el trabajo del músico. No del aficionado sino del músico de alma, tanto interpretes como compositores.

Con mi casi nula experiencia con la guitarra me di cuenta del arduo trabajo que debe superar el músico para poder alcanzar sus metas, no es solo trabajo técnico sino también trabajo personal desde la profundidad de su ser. Descubrí que es necesario un completo compromiso y la incipiente capacidad para poder exponerse, para poder tener la entereza de pararse ante el mundo y mostrar lo que uno es capaz de interpretar.


El mundo del arte en general, suele ser un amante ingrato para con estas personas que luchan día a día con los desaires, la crítica y el poco entendimiento que hay sobre su profesión, que al igual que para muchos otros termina siendo una forma de vivir.


Aplauso para todos ellos, ARTISTAS...!!!