jueves, 8 de diciembre de 2011
martes, 29 de noviembre de 2011
Ansío viajar...
Ansío viajar. Hace poco
descubrí lo maravilloso de enfrentarse al camino, aunque no podría realmente
poner en palabras qué fue lo que me generó tal emoción.
Quizás sea lo
desconocido. Pero no ese desconocido común, extraño que genera temor. Sino un
desconocido atractivo, latente… un desconocido ávido de ser descubierto.
Hay viajes y
viajes. Uno decide a dónde ir según lo que tenga ganas de encontrar. A veces se
quiere ver todo y muchas más se pretende ver nada.
Muchas veces
salimos de una rutina para entrar en otra. Ir a la costa todas las segundas
quincenas de todos los eneros de la vida puede volverse rutinario.
Otras veces huimos
despiadadamente de nuestra vida y nos lanzamos hacia algo completamente
inesperado y diferente.
Ese viaje es el que
estoy buscando. Ese viaje que te posiciona en un lugar alterno, que te obliga a
cambiar el paradigma de tus días, a usar la cabeza y los sentidos para poder llegar
a tu meta y volver habiendo realmente CONOCIDO.
Tanto paisaje
hermoso nos rodea y no lo vemos. Tanta gente interesante y diferente nos pasa
por al lado y no conocemos. Tanto podemos aprender de eso y no lo aprovechamos.
Cuánta realidad ajena a la nuestra está ahí afuera y no podemos comprenderla
porque simplemente la ignoramos.
A veces el camino a
enfrentar no está lejos. Ese camino aparece día a día bajo nuestros pies. Todos
los días partimos hacia el camino… Con el avión a Perú, con el tren a Tucumán,
con el bondi a la estación de Once, siempre emprendemos un viaje digno de ser
recorrido.
Trascender
A los seres humanos
nos gusta trascender. Queremos ser recordados, queridos, respetados,
reconocidos.
Se puede trascender
en muchos niveles. A veces solo nos interesa trascender en la vida de otros. Y
eso no es fácil, o si?
Qué nos destaca?
Qué nos hace irremplazables? Qué nos aferra uno a otro? Qué nos lleva hacia un
camino u otro, hacia una persona u otra?
Tantas dudas para
una vida demasiado corta…
domingo, 13 de noviembre de 2011
"Donde unos hallan un edén otros siembran dolor" - (Segunda parte: Puño y letra desde Formosa) -
Un bache en la actividad rutinaria me dio este espacio para encontrar y transcribir estas líneas que redacté hace ya más de 4 meses en ese lugar tan extraordinario como es Formosa...
Sentada bajo el sol en algún lugar perdido de Formosa, es difícil focalizar los pensamientos son seriedad. Sin nada preciso para hacer, sólo queda concentrarse en el presente, en el momento que se está viviendo y va pasando. Ese momento que en breves instantes no está más. Grandes cielos estrellados, extensas áreas de naturaleza en su más cruda desnudez, sólo invitan al regocijo.
Cada viaje tiene sus particularidades que luego uno recuerda con una sonrisa, ya sean buenas o no tanto. Hoy, Formosa se ve particularmente enmarcada por compañías inusuales y decisiones apresuradas. Sin pensar demasiado, muchas veces hacemos más cosas que de costumbre. Hacer más y pensar menos debería ser una lección importante luego para la vida.
La mayoría pensaría que viajar cientos de kilómetros rodeado de desconocidos es algo atolondrado y hasta poco recomendable, sin embargo ahora tiene un encanto casi irresistible. Resultó ser un desafío interno. No es sencillo luchar contra la soledad, contra la necesidad de compartir momentos con los que queremos. Aún así, pasarla bien es una garantía que sólo uno puede asegurarse.
Tantas cosas resultan como uno no las esperaba... o sí las esperaba? A veces es extraño ver como las cosas resultan asombrosamente bien.
--------------------------------------------------
La lucha constante puede que haga a la gente pesimista. Grandes frustraciones suelen generalizar el desanimo y la lucha pierde la fuerza que la caracteriza.
Las grandes luchas no siempre son de grandes magnitudes. No hay que ser un gran jefe estratega para poder afirmar que se ha dado todo en cada batalla que se ha presentado.
Todos nosotros desarrollamos batallas diarias. Cada uno las vive de manera distinta. Cada uno batalla algo diferente y tiene herramientas diferentes. También hay muchos que no tienen herramientas, lo que hace su lucha de una intensidad creciente, lacerante, muy debilitante... Las ideas de cambio tienen ese doble efecto inspirador y doloroso a la vez.
Los que llegan son los que continúan estoicamente con su paso. Puede que sus ideas tambaleen pero eso no les impedirá obtener lo que buscan o simplemente avanzar en su camino.
Quiero creer que lo que caracteriza a los grandes héroes es la capacidad de mantener la sonrisa durante todo ese proceso. Realmente, es lo mas difícil de todo.
Miércoles 27 de junio o el día que sea - Loma Sené -
Cada viaje tiene sus particularidades que luego uno recuerda con una sonrisa, ya sean buenas o no tanto. Hoy, Formosa se ve particularmente enmarcada por compañías inusuales y decisiones apresuradas. Sin pensar demasiado, muchas veces hacemos más cosas que de costumbre. Hacer más y pensar menos debería ser una lección importante luego para la vida.
La mayoría pensaría que viajar cientos de kilómetros rodeado de desconocidos es algo atolondrado y hasta poco recomendable, sin embargo ahora tiene un encanto casi irresistible. Resultó ser un desafío interno. No es sencillo luchar contra la soledad, contra la necesidad de compartir momentos con los que queremos. Aún así, pasarla bien es una garantía que sólo uno puede asegurarse.
Tantas cosas resultan como uno no las esperaba... o sí las esperaba? A veces es extraño ver como las cosas resultan asombrosamente bien.
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La lucha constante puede que haga a la gente pesimista. Grandes frustraciones suelen generalizar el desanimo y la lucha pierde la fuerza que la caracteriza.
Las grandes luchas no siempre son de grandes magnitudes. No hay que ser un gran jefe estratega para poder afirmar que se ha dado todo en cada batalla que se ha presentado.
Todos nosotros desarrollamos batallas diarias. Cada uno las vive de manera distinta. Cada uno batalla algo diferente y tiene herramientas diferentes. También hay muchos que no tienen herramientas, lo que hace su lucha de una intensidad creciente, lacerante, muy debilitante... Las ideas de cambio tienen ese doble efecto inspirador y doloroso a la vez.
Los que llegan son los que continúan estoicamente con su paso. Puede que sus ideas tambaleen pero eso no les impedirá obtener lo que buscan o simplemente avanzar en su camino.
Quiero creer que lo que caracteriza a los grandes héroes es la capacidad de mantener la sonrisa durante todo ese proceso. Realmente, es lo mas difícil de todo.
Gracias Ivana por las hojas ;)
Gracias Ambrosia y familia por la inspiración.
sábado, 1 de octubre de 2011
Equilibrar cuerpos, observar almas...
Muchas veces se olvida el trabajo humanístico que el médico debe realizar además de su incesante uso del conocimiento que le fue conferido con el correr de los años de estudio.
El trato con el paciente es la pieza clave para llevar a cabo un tratamiento exitoso. Esta relación que se genera, como toda interacción social, repercute positiva o negativamente en ambos.
En mis primeros pasos por el hospital pude tener contacto con algunas personas internadas en las enfermerías de clínica médica. Generalmente se trata de gente mayor con enfermedades crónicas o muchas veces pacientes psiquiátricos que no son aceptados en otras instituciones.
Los visitamos, los interrogamos, los revisamos. Algunos son colaboradores y simpáticos, otros hacen lo que pueden. La estética del hospital no ayuda. Los pasillos son estériles y las habitaciones solitarias. Sólo cobran vida con las pequeñas cosas que los pacientes traen para su estadía: bolsos, revistas, relojes, dibujos de los nietos y flores de sus hijos. Eso sucede en los mejores casos...
Muchas veces, menos afortunadas, nos encontramos con personas solas. Algunos no lo perciben o al menos eso parece, ya que sus pensamientos están perdidos en un mundo al cual no podemos acceder. Pero tantos otros lo sufren a cada momento. La soledad los golpea sin piedad en tiempo de enfermedad.
La ausencia de la familia es una de las escenas más duras que uno puede presenciar. Cuesta entender cómo se puede dejar a una persona tan indefensa a la deriva sin el más mínimo resguardo. Hijos, nietos, hermanos, padres... todos ausentes.
Esas situaciones crueles son difíciles de manejar, casi imposibles de borrar de la mente. Más aún cuando la persona totalmente lúcida caen en la cuenta de que está sola.
El profesional no tiene la obligación de lidiar con estos asuntos pero es claramente imposible de ignorar. Uno se lleva parte de esa sensación de tristeza consigo y muchas veces también se lleva la impotencia de no poder hacer algo relevante para su paciente. Tanta injusticia junta no se olvida fácilmente...
Siento que sólo queda rescatar algunas premisas para evitar reproducir estas situaciones...
No dejemos solos a nuestros mayores. Acompañándolos es la mejor forma de ayudarlos a sentirse mejor, no piden mucho más.
Además los médicos deben procurar no perder nunca su humanidad ni olvidar la empatía para tratar con los pacientes.
El trato con el paciente es la pieza clave para llevar a cabo un tratamiento exitoso. Esta relación que se genera, como toda interacción social, repercute positiva o negativamente en ambos.
En mis primeros pasos por el hospital pude tener contacto con algunas personas internadas en las enfermerías de clínica médica. Generalmente se trata de gente mayor con enfermedades crónicas o muchas veces pacientes psiquiátricos que no son aceptados en otras instituciones.
Los visitamos, los interrogamos, los revisamos. Algunos son colaboradores y simpáticos, otros hacen lo que pueden. La estética del hospital no ayuda. Los pasillos son estériles y las habitaciones solitarias. Sólo cobran vida con las pequeñas cosas que los pacientes traen para su estadía: bolsos, revistas, relojes, dibujos de los nietos y flores de sus hijos. Eso sucede en los mejores casos...
Muchas veces, menos afortunadas, nos encontramos con personas solas. Algunos no lo perciben o al menos eso parece, ya que sus pensamientos están perdidos en un mundo al cual no podemos acceder. Pero tantos otros lo sufren a cada momento. La soledad los golpea sin piedad en tiempo de enfermedad.
La ausencia de la familia es una de las escenas más duras que uno puede presenciar. Cuesta entender cómo se puede dejar a una persona tan indefensa a la deriva sin el más mínimo resguardo. Hijos, nietos, hermanos, padres... todos ausentes.
Esas situaciones crueles son difíciles de manejar, casi imposibles de borrar de la mente. Más aún cuando la persona totalmente lúcida caen en la cuenta de que está sola.
El profesional no tiene la obligación de lidiar con estos asuntos pero es claramente imposible de ignorar. Uno se lleva parte de esa sensación de tristeza consigo y muchas veces también se lleva la impotencia de no poder hacer algo relevante para su paciente. Tanta injusticia junta no se olvida fácilmente...
Siento que sólo queda rescatar algunas premisas para evitar reproducir estas situaciones...
No dejemos solos a nuestros mayores. Acompañándolos es la mejor forma de ayudarlos a sentirse mejor, no piden mucho más.
Además los médicos deben procurar no perder nunca su humanidad ni olvidar la empatía para tratar con los pacientes.
lunes, 29 de agosto de 2011
El poder de los obstáculos
A veces cuesta mucho cruzar algunas fronteras con el pensamiento. Nos condiciona lo que vemos y aprendemos desde niños y también lo que nos rodea en la vida adulta.
Los obstáculos son lo único que nos invita a pensar y querer modificar el mundo a nuestro alrededor.
Todo lo que nos complique la vida o nos resulte difícil, nos va a llevar a pensar más allá de lo básico. Nos presentará un reto.
Queda en nosotros vivir en la frustración de lo que creemos no poder alcanzar o ser creativos, encontrar aliados y hacer de ese obstáculo un motor para una nueva idea que nos ayude a vivir más felices y satisfechos.
Claramente no será fácil desafiar lo establecido, ni encontrar quien nos acompañe y mucho menos sobrevivir a la tentación de volver a seguir la corriente que tan cómodamente nos arrastra. Pero la dicha que supone la búsqueda de esos momentos de plena felicidad es razón suficiente para resistir y para reforzar nuestras ganas de idear, de crear, de superarnos en un mundo que está abierto esperando lo que tenemos para ofrecer.
jueves, 18 de agosto de 2011
“Donde unos hallan un edén otros siembran dolor…” (Primera parte...)
De un momento a otro simplemente lo resolví. Sin estar 100% segura, sin conocer a nadie y sin pensarlo demasiado, ya lo tenía decidido. Me iba a Formosa.
Sabía que no eran vacaciones, sabía que iba a chocarme con una realidad diferente. Aún así el impacto fue intenso y las sensaciones que me inundaron día a día difícilmente se desvanezcan con el tiempo.
Entre varias cosas importantes me olvidé de llevar hojas así que luego de que se solidarizaran con mis ganas de escribir, busqué un lindo lugar bajo el sol para sentarme a pensar e intentar describir todo lo que pasaba por mi mente en ese momento tan particular, en un lugar tan particular como es Loma Sené y con gente tan particular como son los campesinos del MoCaFor.
El patio de Ambrosia era amplio. Lleno de árboles frutales y animales corriendo libres… Gallinas, patos, cerdos, imponentes gallos marcando su territorio. Sólo los animales hacían notar nuestra intromisión en el lugar mostrándose curiosos ante las carpas que instalamos.
Ambrosia nos recibía todas las mañanas con mate de anís y nos ofrecía almorzar como reyes. Creo que a todos nos costaba entender la facilidad que tuvo para abrirnos las puertas de su hogar y dejarnos conocer a su familia sin una pizca de recelo.
La maquinaria que preparaba los campos de soja frente a la casa irrumpía el silencio que caracterizaba al monte y por las tardes podía oírse una guitarra amiga acompañando los colores del “verano” formoseño en pleno julio.
Muchas veces el tiempo parecía nos transcurrir. Uno podía quedarse observando la naturaleza a salvo del tiempo. Podía sentir como lo único importante era vivir ese presente. Lo pacífico del monte hacia difícil pensar en algo más que el ahí y ahora.
Mauricio y Enzo, los hijos de Ambrosia eran arduos trabajadores. Ayudaban en las tareas de la casa y siempre que era necesario atendían con mucho cariño a Larisa, la más pequeña. Me generaba gran empatía y mucha ternura esa escena que se repetía varias veces al día.
Una llamada de papá Mingo, quien trabajaba en Formosa capital, puso a todos muy contentos. Aún estando a unos cuantos kilómetros nos transmitió su entusiasmos por estar compartiendo esos días con su familia. Él esperaba su paga para poder volver unos días a casa… No fue posible esa semana.
Próximo a la casa se podía observar un campo de algodón genéticamente modificado para resistir la acción del glifosato. Este controvertido herbicida es el actor principal de una cruenta red de negociados que, como siempre, afecta a los que menos tienen. Los daños a animales y personas que se generan a partir de este, están a la vista. A nadie parece importarle demasiado.
Esta era una de las pocas escenas que nos traía de nuevo a la realidad. Era como volver a estar en Buenos Aires leyendo el diario… sólo que un poco más real y más doloroso…
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